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Todo lo que debes saber para aislar tu casa del frío

Se está haciendo de rogar, pero el frío –o al menos una bajada de las temperaturas considerable- está a la vuelta de la esquina. Y el problema es que, al llegar de golpe, muchos de nosotros no estamos preparados para sobrellevarlo, ni en la calle ni en casa. Porque es precisamente en el hogar donde más tiempo pasamos, por ello es imprescindible que esté en las mejores condiciones para no tener que abrigarnos en exceso para algo tan cotidiano como ver la televisión en el sofá o estudiar en nuestro escritorio.

El principal problema de las viviendas actualmente es que pierden el 99% de la energía porque no están bien aisladas, según datos de Danosa. ¿Esto qué supone? Que por mucho que subamos la calefacción, seguimos pasando frío y, además, pagando de más en la factura de la luz o gas, pues a cada grado que subimos el termostato la factura se eleva un 7%. Para evitar que esto suceda, la reforma es nuestra principal arma, pero sabiendo exactamente qué mejoras hay que realizar y qué puntos críticos debemos controlar para que resulte todo un éxito.
El tejado, el causante de que se enfríe la vivienda
Para empezar, miremos al techo. Sí, porque precisamente por el tejado se producen las principales pérdidas de calor en las viviendas. En concreto, el 30% del calor se esfuma por la cubierta, de modo que tiene que ser el primer objetivo de la reforma o rehabilitación, ya que si se aísla correctamente se puede generar un ahorro del 35% en la factura energética, según Ursa.

Para poner freno a esas pérdidas, hay diferentes materiales que son aptos para proteger las cubiertas, si bien el más aconsejable para este caso puede ser el poliestireno extruido, más conocido como XPS, ya que no solo protege del frío en invierno, sino también del calor en verano, lo que permite mantener la temperatura estable durante todo el año. Porque eso también es importante. No se puede pretender estar en manga corta en casa en pleno enero y tener el jersey puesto en agosto. La temperatura ideal en el hogar está entre los 19ºC y los 21ºC en invierno, y los 26ºC y los 27ºC en verano.

Pero si se quiere dar un plus a ese aislamiento térmico, tenemos la lana mineral, un material fácil de encontrar en el mercado, asequible y que, además, aísla del ruido exterior si se instala con un acabado perforado. De este modo, no únicamente se ahorra energía, sino que también se mejora la calidad de vida en casa al no tener exceso de ruido que entorpezca el descanso o las actividades que requieren concentración, consiguiendo el confort acústico deseado.
Las paredes, el siguiente paso
Los muros o paredes del edificio son los siguientes causantes de que el calor no sea perceptible en nuestro hogar. Por aquí se escapa el 25% de la temperatura de las viviendas. Y, por ello, deberían ser objeto de la rehabilitación o reforma térmica para que ésta sea completa. En este caso, al igual que con el techo, reduciendo la pérdida de calor por las paredes también se abarata el importe de la factura eléctrica o gas.

En este punto, la rehabilitación térmica de los muros se puede hacer desde el interior de la vivienda o desde el exterior, ya que se trata de abrigar “la piel del edificio”. Si bien es más efectiva si se hace desde el exterior, muchas veces no es viable ya que hay que ponerse de acuerdo con el resto de vecinos para aislar la fachada. Por ello muchas veces es aconsejable aislar desde el interior, ya que es más sencillo y, también, económico, pues se detectan las necesidades específicas de la vivienda y se aíslan todos los puntos críticos para no perder el calor generado. Existen muchos materiales aislantes para el interior de la vivienda, que además suelen tener propiedades acústicas, evitando de igual modo la propagación del ruido de un piso a otro o incluso disminuir el ruido del exterior.

Si se opta por hacer la rehabilitación desde el exterior, hay dos opciones principales: instalar fachadas ventiladas –un material aislante con una cámara de un mínimo de tres centímetros y un acabado exterior que puede ser de madera, cerámica u otros materiales- o un Sistema de Aislamiento Térmico por el Exterior (SATE), que se compone de XPS y unas capas de mortero para el acabado final y/u otros materiales.

Una vez que están bien aisladas las paredes, podemos empezar a pensar en el sistema de calefacción de la vivienda. Existe uno que no es demasiado conocido pero que puede ayudar en este objetivo de calentar la casa sin derrochar energía. Se trata de las paredes radiantes (también hay suelos), un sistema de calefacción eficiente que consigue una temperatura uniforme en toda la casa a través de un circuito de tuberías que se conecta con el espacio donde son instaladas, lo que les da la capacidad de distribuir el calor de forma constante.
Entre sus ventajas destacan la posibilidad de mantener esa temperatura en verano, gracias a la refrigeración, y la limitación de las corrientes de aire. Lo mejor de este sistema es que reparte la energía (calor) de forma más uniforme que los radiadores, que son un punto focal, por lo que genera mayor bienestar con menor temperatura, lo que genera un ahorro en las facturas.
Consejos extra
Por último, para reforzar el papel del aislamiento, podemos adoptar una serie de hábitos que nos permitirán mantener la casa caliente sin derrochar energía:

1. Programar con tiempo la calefacción. Si se sube de golpe, se incrementa más la factura que manteniendo la casa a una temperatura constante.
2. Cambiar la caldera por una de bajo consumo. Supone una inversión importante, pero que se recupera ahorrando en la factura.
3. Utilizar las cortinas y persianas como aislantes. Si por las noches cerramos bien las persianas y corremos las cortinas, la casa guardará el calor acumulado durante el día.
4. Colocar paneles reflectantes detrás de los radiadores. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), permite ahorrar entre un 10% y un 20% de la energía consumida, ya que el calor rebota en ellos y se distribuye por la estancia.
5. Cerrar las puertas de la cocina y la ventana. Estas estancias tienen rendijas de seguridad por las que se va el calor y, a la vez, entra el frío, por lo que hay que evitar que ese intercambio de energía se propague por toda la casa.
6. Instalar ventanas con doble acristalamiento. Esto permite ahorrar hasta un 50% del calor.
7. Revisar puertas y ventanas, con el fin de detectar posibles grietas o filtraciones por la propia carpintería. Si es así, hay que sellarlas con masilla o silicona o disponer de burletes, pues por estas grietas entra el frío del exterior.
8. Apoyarse en los elementos de la decoración para ganar grados. Cuando colocamos alfombras en los suelos y cortinas tupidas logramos tener un hogar más cálido, además generamos un espacio más confortable acústicamente puesto que estos elementos absorben los ruidos, no los rebotan.

idealista